Cuando el exceso de halagos es dañino

Los elogios exagerados pueden volverlo inseguro y pendiente de las opiniones de los demás.

Así como es malo  no reconocer  los  logros  de un niño, también lo es darle alabanzas   exageradas  todo  el   tiempo.  Repetirle  frases  como: "eres  un campeón",  "el  trabajo que  hiciste el el mejor"  o  "tu eres  el  rey"  hasta el cansancio  puede  motivarlo  al   principio,  pero  termina  siendo ineficaz e incluso dañino después. 

Cuando un niño es  sobreestimulado  es  capaz  de  volverse  pendiente de las opiniones de los demás y perder criterio para calificarse a sí mismo. También puede intimidarse.  Es  decir,  si  ganó  un  concurso  y fue enaltecido, tendrá temor  de  presentarse  en  otra  competición  y  no  lograr  lo mismo. O peor aún, con el tiempo, los elogios de sus padres no tendrán el mismo efecto en él, porque  reconocerá  que la  apreciación de ellos e automática y no auténtica. 

 
 

¿Que conductas deben reforzarse?

  1. Los hábitos saludables que  el  pequeño  va  a  añadiendo a su rutina (hacer las tareas temprano, comer las verduras)
  2. El empeño que muestra para acercarse a  una meta (se trata de valorar el  proceso  y  no  únicamente  el  resultado  final como un trofeo o una medalla)

No se trata de  dejar  de reforzar  sus hazañas, ya que este crece sin distinguir sus cualidades. Se trata de resaltar sus acciones antes que sus talentos. Si tu hijo ganó un partido, dile: "que  buen pase diste", el lugar de "eres un buen futbolista".

 

Adaptación del articulo del Trome